viernes, 22 octubre 2021
Logística

Análisis de la logística para la distribución de la vacuna COVID 19

Hace exactamente un año, el mundo conocía de un extraño brote en la ciudad china de Wuhan, donde en menos de un mes, se contabilizaron más de 200 casos de una rara enfermedad, supuestamente transmitida de los murciélagos a los seres humanos. Estos casos fueron reportados en el inicio de la agitada temporada de viajes por la festividad del Año Nuevo Lunar. Las primeras reacciones fueron seguir de cerca el comportamiento de la propagación del virus, considerando, erróneamente, que se trataba de un padecimiento local, que, en el peor de los casos, supondría una cadena de contagios a nivel regional y que la respuesta de los sistemas de salud de los países asiáticos, contendría su expansión. Es más, aún no se establecía que el vector de contagio eran los propios seres humanos

Para el mes de enero de este fatídico 2020, se empezaron a tener noticias en diversas partes del mundo, de los primeros contagios, supuestamente importados de China hacia países europeos y americanos, ya que muchos chinos viajaron al extranjero para la ocasión de las festividades de año nuevo y se habían confirmado pocos casos fuera de China, incluidos Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, Tailandia y Taiwán. Muchos de los principales líderes del mundo, consideraron en ese entonces, que no era necesario establecer medidas restrictivas para impedir la entrada de pasajeros internacionales a sus aeropuertos y mucho menos, confinar a toda la población, afectando con ello la actividad económica que en esos momentos mantenía un consistente ritmo de crecimiento tanto en Norteamérica como en Europa.

Los científicos y médicos chinos iniciaron acelerados estudios para entender la estructura, fisonomía y composición del nuevo virus y las autoridades de ese país, ante la reducida capacidad de sus instalaciones hospitalarias para recibir a los numerosos pacientes que requerían atención de emergencia, se dieron a la tarea de construir hospitales provisionales en el centro mismo del punto donde surgió el brote. Los estudiosos orientales, establecieron las principales características del virus y lo denominaron Coronavirus, por el distintivo observado en sus moléculas, parecidas a esferas coronadas, le agregaron el número 19 para identificar el año de su aparición y descubrieron que era muy sensible a las temperaturas cálidas.

Los líderes mundiales más optimistas afirmaban que una vez entrada la primavera, el virus desaparecería progresivamente y que no había de qué preocuparse. Muchos lo calificaron de un catarrito grave que no debía quitarnos el sueño y menos atentar contra la libre movilidad y las actividades económicas. Sólo China lo tomó con absoluta seriedad -tal como México lo hizo con el brote de la Influenza de 2009 atribuido a especies avícolas-, y empezó la aplicación de una rigurosa disciplina entre sus habitantes para garantizar el uso de cubrebocas, el lavado frecuente de manos y el establecimiento de una sana distancia entre los pobladores, suspendiendo por supuesto, las actividades  productivas y escolares presenciales, los actos masivos, espectáculos y diversas actividades recreativas y económicas, que supondrían la congregación de personas.

Un artículo del Departamento de Noticias sobre Salud y Ciencia de The Associated Press, publicado en enero de 2020, establecía que: “No hay medicamentos específicos para la enfermedad y ninguna vacuna para prevenirla. Los síntomas son tratados con fármacos para el dolor y la fiebre, y se le aconseja a la gente tomar líquidos en abundancia y quedarse en casa descansando. La mayoría de las personas que presentan el coronavirus común, se recuperan sin requerir atención médica”.

Para el mes de marzo, ante la rápida y creciente expansión del virus, dos brillantes estudiantes del Carnegie Mellon University de Estados Unidos desarrollaron una aplicación denominada COVID-19 Visualizer que desde entonces -con el soporte de los datos de Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health-, cobró relevancia, ya que se ha podido seguir en tiempo real la evolución del problema en todos los países alrededor del mundo, concentrando la información oficial proveniente de cada uno.

Lo demás es historia. Al momento de escribir este artículo, de acuerdo con esa fuente, existe registro de 18 millones 650 mil infectados activos, más de 1 millón 512 mil fallecidos (casi un 7% mexicanos y 19% estadounidenses) y 45 millones 390 mil recuperados, lo que, en números redondos, arroja una cifra de más de 65 millones de personas afectadas en todo el planeta por esa terrible enfermedad del siglo XXI.

Ahora, a un año de distancia ya sabemos lo que puede causar una Pandemia de esas dimensiones y a pesar de ser el origen involuntario del padecimiento, China ha dado un ejemplo al mundo de como detener y mitigar los efectos de una enfermedad que, mientras sigue siendo incontrolable alrededor del mundo, hoy sólo registra menos de 5 mil muertos en ese país asiático, junto con Nueva Zelanda, con ritmos mínimos de crecimiento diario de nuevos contagios. En fin, que es tiempo de ver para adelante y ante las buenas noticias del desarrollo de diversas alternativas de vacunas a nivel mundial, el futuro se ve menos oscuro.

De esta forma, se han desarrollado entre otras varias, las vacunas de laboratorios como Pfizer, CanSino y Aztra-Séneca, con los cuales el gobierno mexicano ha suscrito convenios de entendimiento y ya ha fincado pedidos en firme por 34.4 millones de dosis con el primer laboratorio mencionado, cuyas 250 mil primeras, se estima recibir antes de que culmine este año. Ahora bien, desde el punto de vista logístico, realizaremos un análisis de los distintos elementos, procesos y pasos a seguir para que estas dosis y las subsecuentes que lleguen a nuestro país, tengan el efecto deseado que es inmunizar a la población para reducir el número de contagios, abatir los fallecimientos y eventualmente erradicar la enfermedad o bien, aprender a vivir con ella.

Procesos y buenas prácticas logísticas

El primer paso, son los procesos relacionados con la adquisición de la vacuna con los laboratorios, la programación de la producción y la recepción de las muestras necesarias para cubrir los protocolos nacionales establecidos por la Cofepris, a fin de que pueda constatarse su calidad y la efectividad expresada por los fabricantes y así autorizar su aplicación masiva en la población mexicana. Dada la emergencia, seguramente Cofepris tomará como buenas las certificaciones de la autoridad sanitaria británica, la cual, -basada en los estudios científicos rigurosos que le adjudican una efectividad del 95%-, dio luz verde a la vacuna de Pfizer para su aplicación masiva en el Reino Unido, a fin de no retrasar demasiado las primeras aplicaciones.

La segunda fase, relacionada con las prioridades para su aplicación, incidirán directamente en la logística para su distribución, ya que esta primera vacuna, tiene como desventaja, que debe almacenarse a 70 grados Celsius bajo cero y no sobrepasar un mínimo de grados antes de su aplicación inmediata, por lo que el gobierno deberá establecer cual es esa población objetivo, que por lo anunciado recientemente, serán los médicos, enfermeras y demás personal denominado de la “primera línea” de atención de pacientes infectados y determinar su número, distribución y ubicación a lo largo del territorio a fin de que la entrega de parte de los laboratorios, se realice en los puntos donde se concentrará para su manejo y aplicación.

En un país como México, el reto se antoja formidable, ya que los resultados eficientes que se esperan, demandarán el uso forzoso del transporte aéreo desde los sitios de fabricación y distribución hacia nuestro país a fin de garantizar en todo momento la denominada “Cadena de Frío” definida en este caso, como el conjunto de procedimientos y elementos necesarios para conservar las vacunas en un rango de temperatura específico y estricto, desde el laboratorio productor hasta el lugar donde se aplicará al paciente, esto implica las fases de: producción, almacenamiento, manejo, importación, transporte especializado, distribución y administración al paciente final, para garantizar la eficacia de la vacuna y mantener su actividad inmunológica.

En ese sentido y atendiendo a que esta primera vacuna requiere de la aplicación de dos dosis con un intervalo de 30 días, la primera pregunta es: ¿Se aplicará una primera dosis a 125 mil de las personas identificadas como prioritarias y se guardará la vacuna restante durante ese periodo para realizar la segunda aplicación? O bien ¿se aplicará a 250 mil personas, esperando que la siguiente ministración de vacunas por parte del mismo laboratorio, llegue antes de los 30 días? Ambas decisiones implican un riesgo. La primera de ellas será la de verificar su vida de anaquel y la caducidad y, en su caso, garantizar la cadena de frío durante los 30 días y el resguardo efectivo de la vacuna para evitar sustracciones o accidentes no deseados. La segunda, implica tener la certeza de contar con el fármaco a tiempo para inocular nuevamente a los primeros vacunados, dentro del plazo establecido para la segunda dosis. Adicionalmente, deberá llevarse un riguroso registro de marcas, orígenes y lotes, así como a quién se le aplicó la primera dosis, a fin de tener la seguridad de aplicar la segunda a las mismas personas y, cuando lleguen los demás pedidos y se reciban de los 3 laboratorios mencionados, se deberá, además, tener la certeza de cual marca se aplicó a quien y si le corresponde una o dos dosis. Mención aparte merece el rastreo y la trazabilidad de cada uno de los embarques, así como el seguimiento de su efectividad y de las reacciones secundarias, en su caso, en los primeros pacientes.  

En relación a su transporte y recepción, México cuenta con 76 aeropuertos, aunque de ellos, sólo 59 son internacionales, alrededor de 10 cuentan con terminales de carga y 5 tienen el mayor número de conexiones aéreas (CDMX, Cancún, Monterrey, Guadalajara y Tijuana). Con base en ello, habrá que seleccionar a los que cumplan con los requisitos de conectividad, capacidad de recepción, unidades verificadoras de Cofepris (que dada la emergencia deberá tener presencia en todos los aeropuertos viables), aduanas eficientes con procedimientos ágiles de importación, además de la cobertura de seguridad por parte de las fuerzas armadas multitarea del país, para que durante el traslado terrestre hasta el sitio final de aplicación, se mantenga tanto la cadena de frío, como su adecuado resguardo y conducción hasta los sitios finales de aplicación.

A todo ello habrá que agregar tanto las cámaras fijas de congelación suficientes con el equipamiento adecuado (las cámaras comerciales existentes pueden proporcionar actualmente un máximo de alrededor de menos 25º C), así como unidades de autotransporte refrigeradas con el suministro requerido de hielo seco para mantener la temperatura indicada. Todo lo anterior requerirá establecer en esta primera experiencia, la regionalización más conveniente y la concentración de pacientes en los sitios de aplicación, los cuales adicionalmente, deberán mantener la “sana distancia” durante el proceso.

Finalmente, todos los materiales de desecho como envases, cajas, etiquetas y jeringas, deberán contar con los procedimientos de una “logística inversa” estricta, con el propósito de garantizar su confinamiento y su total destrucción final, que evite, por una parte, contagios indeseados y por la otra, el uso ilícito de los envases y embalajes. Como al momento de escribir este artículo aún faltan 4 días para que las autoridades sanitarias de este país den a conocer su plan logístico, tendremos la oportunidad de contrastar su contenido posteriormente, comparado contra las medidas efectivas que se adopten.                  

Escrito por Sergio García