Lunes, 25 marzo 2019
Logística

Impactos por el incremento de la movilización de combustibles por vía terrestre

El ataque frontal que ha emprendido el Gobierno Federal en contra del robo de combustibles, mejor conocido como “huachicol”, en los escasos 90 días de su ejercicio, ha comprendido entre diversas medidas, el cierre parcial de varios poliductos que transportan gasolinas, diésel y turbosina, entre otros productos.

La medida, que busca identificar los múltiples puntos donde la mafia organizada perfora los ductos a fin de contar con una toma clandestina y de ahí sangrar a PEMEX y al país, ha evidenciado por una parte, diversas prácticas ilegales de algunas estaciones y grupos privados dedicados a la comercialización de hidrocarburos, de quienes se presume adquieren estos combustibles mal habidos para hacer pingües negocios.

Otra cara de la moneda, es el hecho de que ante la escases en el suministro de los combustibles de PEMEX, se hizo evidente que el resto de los grupos privados que cuentan con redes de estaciones de servicio a todo lo largo y ancho del territorio mexicano, tienen como proveedor principal a PEMEX y sólo aplican ciertos aditivos a los carburantes en dichas estaciones, al momento de efectuar el llenado de sus propios depósitos y más aún, los pocos que realizan importaciones directas por su cuenta, utilizan la infraestructura y capacidad instalada de PEMEX para la conducción de los flujos de sus hidrocarburos, a través de los ductos de la paraestatal, así como sus terminales de almacenamiento y reparto (TAR), para la distribución hacia sus propias redes.

Lo anterior, se desprende del hecho de que al verse afectadas las redes de conducción y almacenamiento de PEMEX, ante las medidas adoptadas por las autoridades, ninguna empresa comercializadora de combustibles fuera de las estaciones con el logotipo del organismo, contaba con inventarios para ofrecerlos al angustiado consumidor.

Ante la emergencia del desabasto de los hidrocarburos, el Gobierno Federal a través de PEMEX, buscó el apoyo de los ferrocarriles mexicanos y de la Cámara Nacional de Autotransporte de Carga (CANACAR) a fin de que pudieran transportar parte de los flujos de combustibles que dejaron de inyectarse a los ductos. A pesar de los esfuerzos de ambos proveedores de servicios, su capacidad instalada y su acotada respuesta, quedó ampliamente rebasada por la enorme demanda coyuntural insatisfecha.

No obstante lo anterior, resulta interesante comprobar como el transporte de productos petrolíferos ya había observado incrementos sustantivos en sus movimientos durante el año de 2018, por la vía terrestre, aún antes de presentarse la emergencia que hemos citado. En efecto, el transporte ferroviario reportó un crecimiento superior al 100% de los volúmenes transportados por este modo en el último año, comparado contra los resultados obtenidos durante 2017.

La empresa ferroviaria Kansas City Southern de México (KCSM) reportó un incremento del 120% en sus ingresos, aportados por el segmento de transporte de energéticos, al pasar de 45 millones de dólares a 99, comparando 2017 contra el cierre del año 2018. Por el lado del autotransporte, las flotas dedicadas a la especialidad del movimiento de energéticos, no pudieron reaccionar de manera eficiente ante el pedido del Gobierno de apoyar la logística de estos productos, cuando se tomó la medida de cerrar los ductos, por no contar con flotas disponibles para tal emergencia.

La lectura que podemos darle, es que los propios ductos de PEMEX, ya adolecían de falta de capacidad para poder abastecer la demanda existente, tanto por el volumen de diseño con que cuentan, como por las sangrías de combustibles que desde hace varios años, venían registrando.

En ese mismo orden de ideas, ahora se presenta otra problemática: toda la flota de carro tanques de ferrocarril que mueve combustibles, es arrendada de manera directa por los propios clientes del ferrocarril, por lo que en el caso de PEMEX, ésta ha sufrido un aumento considerable a la luz de los números reportados por las ferroviarias.

En el momento actual, si bien se requiere una mayor flota de arrastre y que los movimientos se realicen en trenes unitarios, la capacidad instalada de las vías del ferrocarril y la longitud de sus laderos, así como su disponibilidad de fuerza motriz adicional, se ve limitada para recibir indiscriminadamente los incrementos de la demanda que se avecina. Adicionalmente, los bloqueos de prácticamente un mes que se observaron en las líneas que atraviesan el estado de Michoacán, repercutieron de manera por demás negativa, en la eficiencia y capacidad operativa de este modo de transporte.

En cuanto al movimiento por carretera, ante la crítica situación reseñada, PEMEX decidió salir al mercado internacional a adquirir una nueva flota de auto-tanques mejor conocidos como pipas, para tratar de incrementar su capacidad instalada por ruedas a fin de mitigar el problema. No obstante, la medida evidenció otros dos fenómenos indeseables: el incremento en el robo de pipas y la saturación del tránsito vehicular de nuestras autopistas y carreteras, ya de por si rebasadas por las continuas obras de modernización y mantenimiento, así como por los habituales bloqueos de todo tipo de ciudadanos, por cualquier demanda social, que afectan frecuentemente el flujo normal de vehículos.

Una de las autopistas que históricamente presenta la mayor incidencia de saturación, es el Eje Troncal México-Querétaro, el cual por sí solo, soporta tráficos que se canalizan a los ejes de la México-Nuevo Laredo, México-Cd. Juárez y el México-Nogales. Por lo anterior, estas alternativas de solución ante las interrupciones del transporte por ductos, dejan mucho que desear desde el punto de vista de su eficiencia.

Todo lo anterior, se ha reflejado en los últimos días al cierre del mes de febrero, en un mayor precio de las gasolinas y el diésel para el consumidor, que sólo se explica por un encarecimiento de los costos relacionados con la logística, ya que tanto el comportamiento en la cotización internacional de los combustibles, así como el de la paridad peso-dólar, no justifican el incremento observado de alrededor de un peso por litro.

 

Análisis por Sergio García