Jueves, 19 julio 2018
Logística

Logística agropecuaria

Ahora que al cierre de 2017 nuestro país está alcanzando cifras récord en materia de exportaciones de productos agropecuarios, llegando a un valor cercano a los 32 mil millones de dólares anuales, resulta oportuno referirnos a los principales aspectos relacionados con las prácticas logísticas para exportar productos provenientes del campo.

En los años recientes la balanza de la cuenta exportadora de alimentos de México al mundo ha resultado muy importante, tan es así, que la generación de divisas que el país obtiene por las exportaciones agroalimentarias, resultan superiores a las del turismo, las remesas y las obtenidas por la venta de petróleo.

Al cierre de 2016 las exportaciones de productos del campo sumaron 28 mil 971 millones de dólares, mientras que las importaciones fueron de 25 mil 796 millones de la misma divisa, según datos de la SAGARPA, con lo que se obtuvo un superávit de 3 mil 175 millones de dólares, a pesar de las crecientes importaciones de graneles agrícolas, principalmente de maíz, trigo y soya.

Es una realidad que México se ha convertido en una potencia de alimentos, no solamente para satisfacer la demanda doméstica, sino para incursionar en otros mercados, ocupando el décimo segundo lugar como como exportador de alimentos frescos al mundo. Entre los principales productos destacan: la cerveza, el aguacate, el jitomate, el tequila y los frutos del bosque, entre otros. Aunque dichos productos tienen como principal destino los Estados Unidos (alrededor de 80 por ciento), también se han diversificado las ventas a Europa, Japón, Asía y recientemente a los Emiratos Árabes.

En el terreno de la logística agropecuaria, podemos identificar dos grandes tipos de productos: por una parte están todos los frescos (frutas, hortalizas, granos, flores, cárnicos, pescados y mariscos) y por la otra, los industrializados (cerveza, tequila, harinas y preparaciones alimenticias). Los primeros demandan prácticas logísticas mucho más acuciosas y complicadas que los segundos, ya que dependen de un factor crítico: la vida de anaquel. También son sujetos a una serie de requerimientos de sanidad, inocuidad alimentaria y a características y especificaciones puntuales en sus envases, embalajes y etiquetado.

Para su recolección u obtención en el campo, demandan procesos especiales de selección, acarreo, manejo, limpieza y preparación en los empaques a fin de lograr productos de calidad de exportación que sean aceptados en los más exigentes mercados a nivel mundial y durante su travesía, deben observar rígidos esquemas de cadenas de frío a fin de evitar la exposición a los agentes del medio ambiente que influyen de manera negativa, en su duración y consistencia. Todo ello mediante un proceso de trazabilidad confiable y visible durante toda la cadena.

Los mercados internacionales de productos frescos funcionan bajo reglas muchas veces no escritas, donde el productor original corre con todos los riesgos desde que los frescos salen del empaque hasta que son comercializados mediante los diferentes canales de distribución. Los embarques son enviados por lo general a consignación, proporcionando un valor de referencia para efectos aduanales y aún sin conocer el precio final al que serán vendidos.

En ese sentido, los precios son fijados mediante parámetros diarios a través de diversas fuentes a nivel mundial y siempre con la cotización final del distribuidor, dependiendo del comprador, las condiciones de los productos, la vida de anaquel remanente, los tamaños y las presentaciones al momento de la venta, entre otros aspectos.

Por ejemplo, los precios de los frescos mexicanos que se exportan a los Estados Unidos, cuentan con una cotización de referencia emitida de manera diaria por el USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) el cual reporta los precios por caja o por libra que corren en el mercado, dependiendo del producto y refiriéndose siempre a los puntos fronterizos de acceso de las exportaciones mexicanas.

En el caso de la Unión Europea, existe una consultora comunitaria conocida como EUROGAP, la cual agrupa los intereses de 24 cadenas de supermercados a nivel de Europa Occidental. Tiene por objetivo asesorar a los distintos productores y distribuidores de productos del campo en materia estratégica y operativa, a fin de lograr procesos logísticos estandarizados, referencias válidas de precios, certificaciones y beneficios tangibles para los diferentes actores que intervienen en la comercialización de frescos.

En la práctica, la intermediación de distribuidores y asesores se considera un “mal necesario” ya que los productores requieren de una orientación profesional y de apoyos financieros durante el proceso de cosecha, envío y comercialización final a los distintos mercados. Tal es el caso del conocido “picking & pack” donde el distribuidor paga una cuota por caja enviada por el productor con un valor predefinido -una porción del precio de mercado- a fin de que éste pueda sufragar los costos relacionados con la recolección, tratamiento, empaque y embarque de los frescos. Adicionalmente el distribuidor paga por cuenta del productor, los costos del transporte en el destino.

Durante la temporada de cosecha y envío, el productor en el mejor de los casos, recibe del distribuidor una liquidación mensual de los productos vendidos de manera definitiva, al precio resultante de la cotización de referencia al momento de la venta, menos los descuentos por mermas, tamaños no comerciales, colores, grado de maduración y otros aspectos intangibles que son parte de la cadena comercial de los frescos. A la cantidad resultante le son restadas además, la comisión del distribuidor (alrededor de un 10% del precio final), los apoyos del picking & pack, así como los fletes pagados. Todo lo anterior deja en desventaja a los productores quienes son dueños de su producto durante todo el proceso -con todos los riesgos y costos que ello implica- hasta el momento de la comercialización y cobranza final.

No obstante, en México existen organizaciones de productores y exportadores muy bien estructuradas que buscan por una parte garantizar la certificación de productos, empaques y procesos ante los mercados internacionales y por la otra, defender los intereses de sus agremiados e incluso representarlos en los procesos comerciales en países extranjeros. Tal es el caso de la Asociación de Productores y Empacadores de Aguacate de Michoacán (APEAM) y la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa (CAAADES).

Escrito por: Sergio García