Martes, 17 septiembre 2019
Logística

Logística para la importación de combustibles I

En septiembre de 2018, iniciamos el tema de la logística de los energéticos con un artículo con el mismo título, donde el lector podrá encontrar datos duros acerca del comportamiento de estos insumos para la industria nacional y donde advertíamos de los riesgos de las actividades ilícitas alrededor de éstos, así como de los retos que se vislumbraban en el entorno para la nueva administración federal de México.

Hoy, iniciamos una serie de artículos dedicados de manera específica a las prácticas logísticas necesarias para la importación de combustibles a nuestro país, tomando en cuenta las condiciones actuales y las disposiciones oficiales al respecto. Los combustibles son sustancias sólidas, líquidas y gaseosas, las cuales proporcionan unidades equivalentes de calor o BTU´s (British Thermal Unit), así como unidades de energía cuando se produce su combustión.

Dentro de los combustibles sólidos podemos contar al carbón mineral y al coque, los cuales son utilizados primordialmente para la generación de energía eléctrica y para diversos procesos industriales, como es el caso del horneado de la piedra caliza, proceso empleado para la producción de cemento.

En cuanto a los líquidos, se tiene una gama de productos que incluyen diésel, gasolinas, turbosinas y combustóleo, entre otros, que se utilizan con mayor frecuencia para su consumo en unidades vehiculares como autos, camiones, embarcaciones y aeronaves y, en el caso del combustóleo, para la generación eléctrica y de calor, a nivel industrial.

Por lo que respecta a los gaseosos, los más importantes por su volumen, precio y demanda, son el gas licuado de petróleo y el gas natural, los cuales se usan a nivel doméstico e industrial, tanto para la generación de calor como fuente del movimiento de vehículos automotores.

Las prácticas logísticas en la importación de los combustibles, podemos dividirlas en 4 conceptos básicos: Los procesos de compra, los procesos de transporte primario, los procesos de almacenamiento de transferencia y los procesos de distribución.

Por lo que se refiere a los procesos de compra, lo primero que hay que revisar son las disposiciones oficiales en cuanto a los permisos de importación y la situación de los tratados internacionales suscritos por nuestro país, con aquellas naciones productoras de combustibles. Lo anterior a fin de identificar los orígenes viables de los insumos energéticos que se pretende adquirir en el exterior.

El siguiente paso es el monitoreo de los precios internacionales de los combustibles, los cuales están íntimamente ligados con la cotización en dólares americanos, del petróleo crudo y del gas, insumos primarios de las refinerías alrededor del mundo.

Por ejemplo, el petróleo que está clasificado como un commodity, presenta variaciones importantes en su precio por barril, (un barril de petróleo equivale a 159 litros), con base a la situación de la oferta y la demanda mundial así como las diversas situaciones políticas que afectan la estabilidad y el suministro desde los países con mayor producción. La cotización de este insumo primario, afectará sin lugar a dudas, la disponibilidad y el precio final del combustible derivado de éste.

Es importante para efectos logísticos, considerar también las cotizaciones de combustibles con base al INCOTERM aplicable, la distancia a recorrer y la disponibilidad de infraestructura de conectividad, desde el punto de origen hasta el destino en nuestro país. Resuelto el problema del acopio, éste se debe contrastar con los pronósticos de las necesidades particulares de la empresa u organización importadora, la cual deberá establecer un programa por producto, volumen y origen, calendarizando los movimientos con base en la demanda esperada y con su capacidad de almacenamiento.

Es importante mencionar que los combustibles se clasifican como materiales y residuos peligrosos, por lo que requieren de un manejo especializado y una alta visibilidad en todos los procesos logísticos que van desde los puntos de acopio en el origen, hasta su distribución al consumidor final. Para tal efecto, existe una normatividad específica emitida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para el manejo y clasificación de estos productos, la cual es de aceptación universal entre sus 193 países miembros.

Ésta normatividad para efectos prácticos, se puede consultar en un compendio conocido como el “Libro Naranja”, el cual es editado periódicamente en nuestro país por la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ) y que contiene en una clasificación de 9 grupos, todos los materiales y residuos peligrosos, entre los cuales se encuentran los combustibles. A cada producto así clasificado, se le asigna un número de 4 dígitos que representa el grupo y su consecutivo dentro de cada uno de ellos.

En el Libro Naranja se puede encontrar entre otra información, el nombre del producto, su denominación común, su composición, su naturaleza y sus principales propiedades, así como las medidas generales para su contención, manejo y prevención de daños a la salud, al medio ambiente y a la propiedad, a causa de un siniestro durante su transporte. Así mismo, establece los denominados “rombos de seguridad” que representan la señalética que debe estar presente a lo largo de toda la cadena de suministro de los combustibles, a fin de identificar adecuadamente los recipientes, contenedores, tanques, depósitos y unidades de transporte, donde existan este tipo de productos.

Para efectos de los movimientos primarios, se aplican en primera instancia, los denominados “Planos del Tráfico”, los cuales consideran el producto y su naturaleza, el origen y destino de los movimientos, el volumen anual a transportar que determinará la frecuencia y el tamaño de los embarques, el modo de transporte a utilizar, los factores relacionados con la seguridad en el manejo del producto y durante su transportación (safety & security), así como el costo logístico por unidad de tonelada/kilómetro que está implícito en los movimientos.

Estos planos del tráfico, se contrastan con los atributos y características de los modos de transporte calificados como viables, para ser utilizados en la movilización de los productos referidos, en términos de su capacidad, velocidad, accesibilidad, disponibilidad, flexibilidad, seguridad y costo.

 

Escrito por: Sergio García