martes, 3 agosto 2021
Consultoría

Los retos para los exportadores mexicanos ante la llegada de Joe Biden

Con el cambio de gobierno y paso de estafeta al demócrata y ante los huraños inicios en la relación Biden-AMLO, el cambio hacia la administración del demócrata no augura ser tan compleja en temas de vinculación, tanto comercial como en los distintos intercambios para ambas naciones, ello pese a que nos encontramos ante un extremo opuesto al Trumpismo apoyado por la administración federal mexicana.

En contraste, cabe recordar que Estados Unidos es el principal socio comercial de México, por lo que cualquier política positiva en materia financiera para el vecino del norte también extiende su impacto para México, no solo por las remesas, sino por el potencial exportador.

Justamente una buena posibilidad de esto es el paquete de estímulo económico que propuso Joe Biden para la reactivación de su economía, con la inyección de 1.9 billones (trillions) de dólares para diversas áreas productivas y sociales de aquel país, entre ellas el apoyo a pequeñas y medianas empresas norteamericanas.

Pese a los matices en los escenarios económicos, los pronósticos de mejora en el intercambio comercial han sido alentadores, entre ellos el de Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), quien prevé que para 2021 las exportaciones mexicanas podrían crecer entre 15 y 25%, dependiendo de un mejor ambiente macroeconómico, la recuperación de Estados Unidos y que haya un verdadero impulso a las cadenas de valor de Norteamérica.

Otro punto que resulta de interés para el mejoramiento de la relación bilateral es el T-MEC, que seguirá potenciando el dinamismo de la relación comercial de ambas naciones, especialmente si el gobierno mexicano sigue cuidando que no se alteren o entorpezcan aspectos esenciales para la implementación del tratado, tales como evitar la desaparición de organismos y/o instituciones autónomas relacionadas con el acuerdo comercial y mantener el enfoque en las nuevas cláusulas laborales y ambientales.

Entre los múltiples aspectos a tomar en consideración, relacionados totalmente con la gestión de políticas en territorio norteamericano, se encuentran el de evaluar el impacto socioeconómico de políticas como “Buy American”, enfocado en priorizar la compra de bienes producidos en EU, con lo que busca crear empleos competitivos y reducir su dependencia manufacturera de países como China.

Si bien este programa tiene similitudes ideológicas con el lema “America First” de su antecesor, cobra relevancia en un entorno en el que se han perdido millones de empleos y se busca imponer reglas que obliguen a sus instituciones públicas a comprar productos manufacturados en su territorio, este es un programa valuado en 400 mil millones de dólares y forma parte de las promesas de campaña de Biden.

Un punto más a resaltar es la promesa del demócrata de priorizar y potenciar la compra de vehículos ensamblados en Estados Unidos, al menos por parte de su gobierno, lo cual implica una importante área de oportunidad para la industria mexicana de autopartes, cuyo mercado se encuentra principalmente en esta nación.

En cuanto a este camino hacia la recuperación de México y el resto de América Latina, la CEPAL destaca la necesidad de generar sinergias regionales en sectores dinamizadores como energías renovables, infraestructura resiliente y movilidad sostenible, comercio electrónico, industria manufacturera de la salud, comercio en productos de la bioeconomía, economía circular y comercio, así como y turismo sostenible.

Por todo ello, en el marco del nuevo gobierno estadounidense, los empresarios y, sobre todo, los exportadores mexicanos están conminados, más que nunca, a no desaprovechar ninguno de los espacios que se abran y concentrar sus esfuerzos para mejorar sus redes comerciales. Especialmente ahora que una apertura comercial será vital para afrontar las diversas necesidades actuales en un comercio fuertemente afectado por la crisis del COVID-19.


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