Miércoles, 14 noviembre 2018
Logística

Trazabilidad

Una de las mayores aspiraciones dentro del medio logístico, ha sido lograr que las distintas mercancías que se ofrecen al mercado por parte de las empresas, sean rastreables en todo momento. Lo anterior se ha traducido en un moderno término conocido como “Trazabilidad”.

En una primera etapa cuando los conceptos logísticos emanados de la disciplina militar fueron trasladados a la vida civil -concretamente a las transacciones comerciales entre empresas a nivel mundial-, la rastreabilidad se suscribía únicamente a su etapa de entrega hacia el cliente final, una vez que el producto terminado había salido de los centros de almacenamiento o distribución.

El alcance del rastreo dependía entonces del tipo de Incoterm utilizado en la transacción, lo cual condicionaba el interés de cada una de las partes involucradas en la operación, a fin de conocer el tiempo de recorrido y su arribo a los diversos puntos donde pudiera ser controlada la mercancía. Si la responsabilidad del vendedor culminaba en un punto de entrega cercano a su planta o bien dentro del país de origen, el rastreo culminaba ahí y el producto se consideraba entregado.

Para el comprador iniciaba entonces el seguimiento de su mercancía a partir del punto de entrega por parte del vendedor y culminaba una vez recibida ésta en su almacén, en las condiciones y cantidad pactadas originalmente.

En esas épocas, una de las limitaciones para aplicar el rastreo era el avance tecnológico y el desarrollo de las comunicaciones, de tal suerte que en los inicios de las prácticas logísticas los productos se identificaban con denominaciones y códigos numéricos y la información se transmitía, de la forma más rápida posible, por teléfono, por telégrafo o en el mejor de los casos, utilizando el denominado télex.

De esta forma, el seguimiento podía iniciar con un transporte local hacia el punto de salida del país de origen, continuar con la realización de los trámites aduanales, su embarque en el medio de transporte internacional y la travesía subyacente. Así mismo, comprendía la llegada al punto de internación, la realización de los trámites de importación y el embarque de la mercancía y su entrega final al comprador. Conocer la ubicación de los productos dentro de las distintas actividades descritas, dependía, como se ha señalado, de la disponibilidad de la información y su transmisión oportuna desde los puntos de control, hacia la parte interesada.

Varios años más tarde, con la aparición del denominado “Código de barras” un número único asignado a cada producto en el mercado, acompañado de barras verticales de distinto grosor, capaces de ser leídas con un dispositivo de luces infrarrojas, imprimieron un importante avance tecnológico en materia de identificación estandarizada de las mercancías y en sus procesos de seguimiento.

Posteriormente, habría de surgir otro sistema denominado RFDI (Radio Frequency Identification por sus siglas en inglés), una etiqueta inteligente de proximidad que contiene la información relevante de un producto, la cual es posible “leer” mediante un dispositivo que extrae los datos contenidos en la etiqueta y los transmite a una aplicación que identifica plenamente al producto en cuestión.

Los desarrollos tecnológicos descritos, sumados al importante avance actual de las telecomunicaciones y de herramientas como Internet, permiten hoy en día aspirar a contar con la “Trazabilidad” completa de un producto y no sólo localizarlo físicamente en su fase de transporte y entrega.

Es importante destacar que el término “Trazabilidad” recién se incorporó en el año 2014 al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en su vigésima tercera edición, con la siguiente definición aportada por la ISO (International Organization of Standardization): …es la propiedad que dispone el resultado de un valor estándar, que puede vincularse con referencias específicas mediante una seguidilla continuada de comparaciones.

En ese sentido y bajo la óptica logística, podemos decir que la trazabilidad se integra por procesos prefijados que se llevan a cabo para determinar los diversos pasos que recorre un producto, desde su nacimiento hasta su ubicación, en un momento dado, dentro de la cadena de suministro.

Hoy en día para el estudio y establecimiento de la trazabilidad de un producto, es necesario identificar tres fases básicas como son el origen de sus componentes, los procesos y actividades que se han incorporado a ellos y finalmente, la distribución del producto. Es en esta última fase donde resulta relevante el concepto de seguimiento físico dentro de la cadena logística.

Adicionalmente, es posible distinguir dos tipos de trazabilidad aplicables a cualquier producto dentro de la cadena. La denominada trazabilidad interna que comprende los procesos sucedidos dentro de una empresa y que incluyen la composición del producto, su fabricación, manipulación, la maquinaria empleada y el envase y embalaje, entre otros factores y, la trazabilidad externa que agrega aquellos elementos que permiten completar “la huella” de un producto una vez que sale de las instalaciones de fabricación, hasta que es adquirido por el cliente final. Si el producto es de consumo duradero (P.ej. automóviles, aparatos domésticos, electrónicos, etc.), su trazabilidad puede extenderse hasta el final de su vida útil.

Con el reciente surgimiento de otras innovaciones como son el denominado “internet de las cosas” y el llamado “Big data”, el concepto de trazabilidad incrementa sustantivamente sus herramientas, tanto para conocer en todo momento el origen, acontecimientos sucedidos y el consumo y uso de un producto, como para correlacionarlo con los hábitos de compra y otros múltiples factores que en la actualidad se estudian en la moderna mercadotecnia. Se trata en suma, de mejorar la calidad de los productos e incrementar su valor para el consumidor final.

 

Escrito por: Sergio García