martes, 29 septiembre 2020
Consultoría

Una visión sectorial: el reto de la industria textil ante la disrupción de las cadenas de producción.

La rápida interconexión de las economías, aunado al acceso de China a la Organización del Comercio (OMC) y el fin de una era de medidas no arancelarias al sector textil, dejan ver la relevancia de esta economía asiática en la industria, debido a sus ventajas en costos de mano de que impactan de manera determinante en la consolidación de cadenas de valor altamente globalizadas. 

Ahora bien, en tiempos de incertidumbre, la reevaluación de las prioridades y las capacidades de consumo se vuelven un valor esencial del comportamiento de las economías. En ese proceso, algunas industrias que no corresponden a consumos de primera necesidad se han visto notablemente disminuidas. Una de ellas es el mercado textil.

Debido a los diferentes cierres en las zonas comerciales, las importaciones y exportaciones de textiles disminuyeron en todo el mundo, afectando de manera general a grandes y pequeñas compañías. A esto se puede añadir el llamado hecho por la Red textil sostenible de la región asiática (STAR por sus siglas en inglés) hacia una toma de decisiones basadas en la responsabilidad social, ateniendo a la realidad de la ruptura de cadenas de suministro y decisiones de terminaciones de contratos laborales por fuerza mayor.

Por todo esto, los productores de compañías de vestuario se vieron obligados a adaptar su oferta atendiendo a las necesidades de los diferentes segmentos de su mercado, con el único propósito de sobrevivir durante la crisis. Ahora, las economías se preparan para enfrentar la nueva realidad desde la innovación.

La disminución de la demanda de productos de vestuario de todos los segmentos fue la primera consecuencia que afectó a este mercado. Las siguientes se relacionan con el proceso de producción, en donde la ausencia de manufacturas importadas, debido a los cierres de fronteras, se sumó a los cierres en los centros de producción que buscaban disminuir la tasa de contagios por el virus. Siendo Asia una de las principales fuentes de este tipo de materiales, este rezago comenzó a sentirse durante los primeros meses del año, llegando a su máxima expresión con el inicio de las cuarentenas mundiales.

Por todo esto, la oferta de importación de grandes superficies y tiendas especializadas disminuyó dramáticamente. Sin embargo, los esfuerzos de digitalización del sector textil, que datan desde mucho antes de la emergencia sanitaria, le permitieron a un grueso de compañías mantener sus inventarios en rotación, con el propósito de sobrevivir en medio del cambio de hábitos de vestuario de un mundo que ahora preferiría andar en pijama.

Y bajo la excusa de la transformación de las costumbres del vestuario, en donde dejamos de lado las prendas formales y nos adaptamos a flujos de trabajo remotos con prendas cómodas y prácticas, el resiliente sector manufacturero volcó sus esfuerzos hacia este tipo de piezas. Solo en Colombia, en el marco de la feria de comercio internacional de textiles más importante de Latinoamérica, Colombiamoda, el agendamiento de citas de compradores internacionales giró alrededor de las prendas cómodas, como sudaderas y pijamas.

El vestuario de protección, que fue una respuesta inmediata para atender la emergencia sanitaria desde una perspectiva solidaria, se convirtió en una segunda oportunidad de negocio, a partir de las declaraciones de la OMS en donde se avaló el uso de tapabocas textiles como medida de protección para evitar los contagios. Si bien resulta una medida de producción temporal, los textiles antibacteriales y antifluidos marcan la pauta de la fabricación de todo tipo de capas protectoras que funcionan como un escudo ante las amenazas latentes.

Con la normalización de los procesos de exportación de China y las nuevas medidas arancelarias establecidas por algunos países, encontramos que el principal productor de textiles en el mundo, y los correspondientes aumentos de la demanda interna, se convierten en uno de los modelos de principal interés cuyas prácticas pueden ser replicadas en otras zonas del planeta. La diversificación de la oferta, junto a la resiliencia de la cadena de producción y la adaptación al nearshoring como un innovador modelo de distribución, serán el camino del resurgimiento de una industria que lucha por mantenerse vigente en un mundo donde la imagen personal se construye con una pantalla como mediador ineludible.


 [SGC1]http://www.asiatex.org/ennewss/393.html

Escrito por Sebastian Galindo Cantor y Camilo Alberto Márquez Fraire